Tiempo de Opinión
Un SOS para educación
14, Septiembre 2017
Por Enrique Gutiérrez  

Esta semana, por segunda ocasión en menos de un mes, el gobernador del estado, Quirino Ordaz Coppel, reconoció la incapacidad financiera de su gobierno para enfrentar el serio rezago que en materia educativa se ha acumulado en Sinaloa, e hizo, otra vez, un llamado de auxilio a la iniciativa privada para que se involucre en estas labores.

El renglón educativo ha sido descuidado desde hace décadas por el gobierno, y hoy las carencias hacen crisis.

La constante en este inicio de clases ha sido la toma de planteles escolares por parte de padres de familia, los plantones y marchas de maestros exigiendo pago de salarios, el reclamo de asignación de profesores y principalmente la atención en deficiencias en infraestructura.

Durante muchos años los padres de familia se echaron a cuestas el mantenimiento de los planteles, con cuotas obligatorias disfrazadas de voluntarias, y de no ser por ellos muchas escuelas que hoy se mantienen operando hubieran colapsado.

Las autoridades educativas de manera convenenciera e irresponsable lo fomentaron bajo el argumento de la escasez de recursos, mientras millones de pesos salían del presupuesto para sostener a una voraz burocracia y pagar por las abusivas prestaciones y excesos sindicales.

La iniciativa privada respondió al llamado del gobernador, condicionando su participación a una efectiva política de austeridad de parte del aparato de gobierno.

Pese a todo, aún con colaboración de la IP y del ajuste en los gastos de gobierno, se observa muy difícil resolver los grandes rezagos que enfrenta la educación en un corto plazo.

En esos planteles en malas condiciones, en aulas donde los alumnos tienen que soportar altas temperaturas y que incluso representan un riesgo para su integridad física y para su salud, y un obstáculo para el buen desarrollo del proceso enseñanza-aprendizaje, resulta difícil que avance la tan promocionada reforma educativa.

Pese a todos los rezagos en Sinaloa se ha avanzado en algunos indicadores educativos, y la situación en lo general es un poco mejor a la media nacional.

Para ver solo la eficiencia educativa nacional, de acuerdo a las estadísticas de la propia Secretaría de Educación Pública, de los niños que entraron a primaria en el primer ciclo escolar de este siglo, 10 no terminaron la primaria, 5 la concluyeron pero no fueron a secundaria, 18 de los que sí lo hicieron la abandonaros; 2 se perdieron de secundaria a preparatoria, 25 abandonaron este nivel y 6 de los que la terminaron no ingresaron a profesional. De los que sí lo hicieron 10 dejaron la carrera y 4 no concluyeron sus estudios técnicos.

Al final, solo 22 de cada 100 se titularon y 3 terminaron su carrera técnica de esos mexicanos que empezaron a estudiar al inicio de este siglo.

Bajo las condiciones actuales, con tantas carencias en recursos materiales y humanos, con tan evidentes rezagos en cuestión de infraestructura, resulta muy difícil ser optimista en cuanto a la superación de esos indicadores en el mediano plazo, si no se tomen medidas responsables de inmediato.

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