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Columnas
A palabra del Primo German
Por Germán Zambada

24 horas en Guanajuato

11, Mayo 2012

Con la invitación del Instituto Sinaloense de Cultura para estar presente en el anuncio del programa artístico del Festival Internacional Cervantino, con inquietud llegue a la ciudad minera de Guanajuato, lo más bello en arquitectura del pasado que han visto mis ojos.

25 horas no me fueron suficientes para disfrutarla de principio a fin. Todo lo que la ciudad tiene para sus visitantes es armonía pura para disfrutarla en pausa y sin prisa; cada ladrillo, cada puerta, cada rincón tiene una historia que contar. Llegamos temprano y digo llegamos porque gracias a Dios no fui solo, era una comitiva de compañeros periodistas del gremio de la comunicación y la cultura. Algunos de ellos ya conocían esta hermosa cuidad, pero me daba cuenta que estaban al igual, de sorpresa en sorpresa.

Lo primero que descubrí es que antes de llegar al interior hay un grupo de jóvenes guías dispuestos a informarte paso a paso de lo que vas disfrutando, y claro era importante contar con su ayuda, nos guió al imponente Teatro Juárez, con el tiempo medido por la cuestión principal de la invitación, nuestro pase fue de inmediato, no hubo momento de hacer una mirada a otro horizonte, la tarde estaba en pleno momento, pero  no importó porque ya en el interior lo que descubrimos fue una interesante obra de arte con la arquitectura del recinto, descubrí su color a oro, combinado con un rojo del pasado en sus muebles y cortinas, me ofrecieron una copa de vino, el momento indicaba una reverencia a quienes formaron parte de la realización de este gran mueble que me llevaba por momentos de preguntas y de felicitaciones por lograr al paso del tiempo ser quien es.

Después de atender la rueda de prensa, donde se habló de los países invitados al FIC, Austria, Polonia, Suiza, y Sinaloa como invitado de honor, del elenco artístico que impactara del 3 al 21 de octubre del 2012. Ya un poco más relajado me di a la tarea de hacer un recorrido disfrutable de cada rincón que me ofrecía el Teatro Juárez en su interior, en un total de más de tres horas continuaba disfrutándolo, sin saber que Guanajuato me tenía reservado grandes sorpresas fuera de éste. Sus Ángeles Guardianes me dieron todo el tiempo, por que como ya lo dije al inicio… es una ciudad que se disfruta en pausa y sin prisa.

Sin faltar las fotografías de cada espacio, y uno que me llamo la atención fue el “Salón de Fumadores”, un rincón con armonía de colores, meseros cultos que te platicaban de historia, ventanales directos a la gran ciudad,  que me invitaron directamente a decirle en ese momento… prometo volver, voy a conocer más.

Sin la instalación a nuestro hotel correspondiente, con todo el equipo técnico, y nuestro equipaje en nuestra espalda, no encontrábamos el momento de ponernos de acuerdo, a todos nos faltaban ojos para no perder cada espacio y disfrutarlo, decidimos tomar más fotos al pie del Teatro Juárez, nos tenía enamorados. Sin contar que veníamos desde el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México. Jóvenes y mayores en tiempo te encontrabas a cada paso, con una tranquilidad pacífica envidiable.

En 15 minutos la instalación de nuestra reservación, cambio de calzado al cómodo, y nos citamos en la Basílica de Nuestra Señora de Guanajuato. Con una fachada estilo barroco, en su interior disfrutamos de la antigua figura de la Virgen de Guanajuato, patrona de la cuidad. El resultado saber un poco de historia, pero sobretodo admirar y respetar a los habitantes de la declarada en 1988 patrimonio de la humanidad.

Cuesta abajo y al centro se buscaron las amistades que conocieran a alguien que nos sirviera como guía de turista, así me sentía todo un turista. Y se encontró a una niña hermosa originaria de Sinaloa, dedicada a las artes plásticas durante un tiempo instalada en la ciudad cuidada por el monumento del Pípila. Ella fue la indicada del recorrido nocturno de esta visita anunciada. Acordamos no instalarnos en un bar por la seguridad de la pérdida de tiempo que éste nos daría en nuestra primera estancia en la Joya de América.

Desde el Paseo de las Ranas, la casa de Diego Rivera, el Museo Iconográfico del Quijote, la Plaza de la Paz, el Teatro Principal, descubríamos rincones y pasillos que en su silencio nos contaban historias verdaderas, con una espontaneidad llegamos a un Bar-Cantina llamada Históricamente “La dama de las camelias” con un eslogan atrapador… donde se baila y se toma sin parar. En su interior un conjunto de fotografías del cine de oro de nuestro México, zapatillas de algunas bailarinas que se fueron al amanecer y las olvidaron sin querer, todo a media luz, ventanas pecadoras y un olor muy extraño del pasado, no duramos mucho, tan solo fue el atrapo de su nombre.

Y que el recorrido no pare. Nos llamó la atención las horas de la noche que toda persona disfrutaba sin pensar en la ocupación del día siguiente, preguntas llegaban: ¿trabajan, estudian, viven de sus rentas, o simplemente así es la vida, y así la viven?

Nuestra guía oficial nos platicaba de todo, como también el detalle que a los habitantes tan solo se les da tres días de agua potable, la contraparte que te da la geografía de la ciudad. No quisimos abundar en el caso y le solicitamos sólo menciones de cosas positivas. No falto la visita de los imponentes túneles, jamás imaginé la forma en la que operan y jamás imaginé el cruce de éstos, aquí lo importante es la iluminación de cada uno de ellos.

No recuerdo la hora, el cansancio nos atrapó, qué les parece en una segunda parte les platico más de las horas restantes de mi estancia de 24 horas en el estado de Guanajuato.
Bien, espero comentarios agregados, usted tiene la última palabra de la continuación de este recorrido, de un servidor…. 

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